Por Paula Scarpin

En aquella tarde de febrero, el salón cubierto con techo de asbesto solo necesitaba una infusión de eucalipto para cumplir la función de sauna. Al medio, una niña con traje de lycra bajaba y subía varias veces amparada por un palo de escoba, y no derramaba una sola gota de sudor. En trance al sonido del reggaetón, ella mantenía la mirada fija en el pequeño espejo. Desde hace dos meses, Kendry Surmay Arroyo asiste todas las tardes a un gimnasio sin nombre en el borde de la ciudad de Cartagena. Kendry quiere ser reina.

Los reinados, unas de las más fuertes tradiciones colombianas, son concursos de belleza populares que se propagan por el país, a lo largo de todo el año. Los temas de los homenajes pueden ser tan específicos como “la reina del café”, “la reina de los burros”, o más amplios, como “la reina del folclor” – y, a pesar de la falta de datos , se cree que en todo el país hay cerca de cien reinados diferentes. El objetivo de Kendry es ser una de las representantes de su barrio en el “Reinado de la Independencia”, uno de los más celebres de Colombia, organizado por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, vinculado a la alcaldía. El certamen es la parte más esperada de la Fiestas de Independencia de Cartagena, el 11 de noviembre, y mueve más la ciudad que el carnaval.

Kendry Surmay vive en el Barrio Nelson Mandela, que queda 40 minutos de distancia del centro histórico de la ciudad. La comunidad nació hace veinte años de una ocupación irregular de gente huida de la guerra y del narcotráfico. Su familia es una de las pioneras, llegó hace 17 años, cuando la aspirante a reina aun gateaba. Sus padres tenían una casita confortable en El Líbano, al sur del departamento de Bolívar. Un día recibieron un aviso por el que deberían abandonar la región en el día siguiente. “Eso suele pasar con frecuencia. No puedes hablar en la calle con nadie porque una pandilla puede pensar que estas relacionado con la otra”, explica su madre, Candelaria Arroyo. Desesperada, aceptó la invitación de un amigo que ya vivía en el Mandela, y que los acogió hasta que pudieron construir su propia casa en frente.

Humillado por la expulsión, el padre de Kendry empezó a beber y a ser violento. Un día Candelaria lo expulsó de la nueva casa y terminó la construcción de albañilería por su cuenta. Desde entonces, trabaja como peluquera y gasta cada centavo que gana en la formación de su hija. La ambición de Kendry corresponde a la inversión. Sentada en la veranda de la casa, entre trago y trago a una gaseosa pink fluorescente, la aspirante a reina declaró: “Quiero ser una de las mujeres más famosas del mundo, y la mejor abogada de Colombia”. Kendry estudia segundo año de Derecho en la universidad privada Rafael Nuñez, que cobra dos millones y medio de pesos colombianos por semestre. Las clases son por la noche, y Candelaria espera a su hija en la parada de autobús todos los días a las once. “Gracias a Dios nunca nos ha pasado nada en todos estos años. Pero igual tenemos mucho cuidado”.

Aunque fue escenario de violentas disputas de pandillas en el pasado, el Barrio Mandela vive días más tranquilos. No hay nadie que no sea testigo de conflictos armados, y son pocos los que no conocen víctimas fatales de la violencia. La comunidad de 40 mil habitantes se extiende por calles y callejones de tierra, por las que los buses y las motos cruzan a la máxima velocidad, tirando polvo por encima de la gente, de la vegetación, de las casitas de colores intensos y de la ropa en el tendedero. Por ser el tercer barrio más grande de Cartagena, Nelson Mandela puede tener dos candidatas en el concurso de Reina de la Independencia.

“Bájate más, para trabajar la zona de la cola”, ordenó un chico gordito, con el peinado mohicano rizado y modelado con gel, sentado sobre una pila de esteras. Edson Nisperuza, de 23 años, es preparador de reinas; Kendry Surmay es su tercera candidata. En 2013, entrenó una prima de Kendry, que alcanzó el tercer lugar – o llegó a ser la Primera Princesa. El año pasado, intentó lanzar a su propia hermana, que no logró ningún título – y ahora intenta revertir el juego en 2015, empezando el entrenamiento con casi un año de antelación. Su padre eligió su nombre como homenaje al futbolista brasileño Edson Arantes do Nascimento, Pelé, ya que tenía la esperanza de que el hijo se convirtiera en un rey del fútbol. “Bueno, no fue como él lo deseaba, pero igual nunca me presionó”, dijo.

Foto: Natalia Pérez/FNPI

Foto: Natalia Pérez/FNPI

Un tipo musculoso, con una blusa color pink pegada al cuerpo exageró en la reacción de espanto al ver Nisperuza en el gimnasio. El preparador de reinas del barrio vecino dijo escuchó la explicación: “El año pasado te dejé tranquilo porque era una cuestión de sangre. Ahora, como no es tu hermana, prepárate.” Nisperuza intento disfrazar la amenaza con una risa forzosa, pero el rival prosiguió: “Además esta niña es muy pequeñita”.

Kendry Surmay no pesa más de 42 quilos distribuidos en 1,60m de altura – y, tal vez por eso es que no aparenta más que 13 de sus 18 años. Pero la baja estatura, que podría ser un obstáculo en la carrera de una aspirante a Señorita Colombia, no será un problema en el reinado popular, que no tiene reglas estéticas tan restrictas. Por otro lado, sus rasgos indígenas pueden ser un punto a su favor.

Según Margoth Castro, coordinadora de eventos del IPCC, las reinas deben representar la raza y la cultura colombianas. Mientras las candidatas al certamen que elige a la Señorita Colombia parecen más representantes de países europeos, los reinados populares reúnen chicas de origen indígena o africano. Una representante del Barrio Mandela en el concurso de la Reina de la Independencia de 2014 fue muy elogiada por el pelo rizado natural. Obtuvo el cuarto lugar y debe disputar la corona de Reina Nacional de la Afrocolombianidad.

Foto: Natalia Pérez/FNPI

Foto: Natalia Pérez/FNPI

En teoria, no hay nada que impida una chica pobre pueda disputar el concurso de Señorita Colombia, de la misma manera que no hay reglas que prohíban la candidatura de una chica rica a un reinado popular. Pero, en la práctica, pertenecen a mundos tan distintos como palestinas e israelitas. Al preguntarle sobre si tenía como modelo a Paulina Vega, la Colombia que recién ganó el titulo de Miss Universo, Kendry hizo una mueca como si hubiera probado una fruta ácida. Dos segundos más tarde, en una prueba de evidente nobleza ensayada, dijo: “Es una chica muy guapa y determinada, que logró alcanzar sus objetivos”. Una vez hecha la diplomacia, prosiguió: “Pero no, no quiero ser Señorita Colombia. No tengo el perfil, y aspiro a otras cosas para mi vida”.

Si la selección fuera decidida por votos populares, Kendry iría a la cabeza en la carrera por el reinado. Es toda una celebridad en su barrio, en el camino del gimnasio a casa, alguien la paraba para felicitarla. Los desconocidos también intentaban atraer su atención. Provocó una epidemia instantánea de tortícolis al pasar por delante de un grupo de mototaxistas. “Qué rica estás, mamita!”, gritó uno. Ella y Edson Nisperuza rieron alto, y siguieron abrazados, en una mezcla de complicidad y protección.